" EL ENCUENTRO DE MATERIALES EN LA NATURALEZA NOS HACE HIJOS DE UNA MISMA TIERRA. ME GUSTA OBSERVAR Y CUIDAR ESOS LÍMITES. LA NATURALEZA NUNCA DEFRAUDA. YO SOLO ME ENFOCO EN EDUCAR LA ATENCIÓN, PARA LLEVARLA AL ASOMBRO Y TRATARLA CON MIMO."
E l arte de Teresa es como una danza líquida entre la precisión de la arquitectura y la anarquía de la naturaleza. Un encuentro entre contraposiciones que se enredan, se funden y se entregan la una a la otra hasta formar una belleza sosegada, pura, conmovedora.
Ella misma se define como “arquitecta de formación y corazón, y artista de pasión”. Empezó su andadura profesional en el estudio One o One Architects en Seúl, donde trabajó durante casi cuatro años. De esa época heredó la influencia asiática que tiñe su obra, y una “búsqueda constante del equilibrio entre la sencillez, la luz y los elementos de la naturaleza”.
De vuelta en Madrid trabajó como arquitecta-museógrafa para diferentes exposiciones de la Fundación Juan March. Compaginó arte y arquitectura varios años hasta que la vida la obligó a parar. Y elegir. Confluyeron un momento personal complicado con una demanda muy alta en ambos sectores. Fue su corazón el que se impuso: el arte la hacía más feliz. Al fin y al cabo, era “un canal de expresión infinito para lo bueno y para lo malo”.
Le preguntamos por qué le diría a quien tiene la pulsión de la pasión, pero siente que la parálisis por el miedo es mayor. Es reacia a dar consejos. Pero conseguimos sonsacarle uno:
“Mirando atrás, me diría a mí misma que tenga paciencia, que abrace los momentos buenos y malos, porque nunca volverán. Que el camino es más importante que el resultado final. Si la trayectoria es sincera y fiel a uno mismo, el resultado será bello de forma natural.”
Resultado que se evidencia en su última colección, “Marea Baja”. En esta serie, Teresa cambia su Mediterráneo natal por el Atlántico, océano de adopción. El agua deja paso a un nuevo protagonista: la arena. Y así, nos acerca el día a día en el que la marea descubre en su totalidad el esplendor de los acantilados escondidos de una manera sencilla, serena. “Me resulta asombroso como la belleza de la naturaleza existe aunque no la observes, y cómo te ensalza el alma cuando te fijas detenidamente en ella”.
Teresa se ha asentado en Madrid. Prueba de ello es su propio taller, un espacio en el que respirar su esencia, ya que lo diseñó desde su visión de arquitecta y su sensibilidad de artista. Equilibrio, una vez más.
El estudio emana un ambiente de experimentación: materiales propios de la construcción y la arquitectura (acero, escayola, cemento, piedra) se mezclan con papel y elementos digitales. Y aunque coquetea con el formato virtual, tiene muy clara una cosa:
“Considero que el formato digital puede ayudar a acercarte a la esencia o a la imagen de una obra. Sin embargo, solo in situ se puede llegar a percibir la tensión, a tocarlo y a percibir una emoción que en pantalla es imposible sentir”
Nos revela que lo que ocupa su mente en estos momentos es la escultura. Otra salida natural, casi inevitable. Como arquitecta siempre ha sentido un profundo respeto y admiración por el espacio y su luz, y la escultura le permite levantar sus obras “a dimensiones fascinantes” y ampliar su lenguaje con otros materiales.
Es inevitable hablar con una artista y no perderse en disquisiciones sobre la creatividad.
Para Teresa es extrañamente etérea y tangible al mismo tiempo:
“La creatividad es una energía que, cuando llega, te llena por dentro, te abstrae, te libera y te hace feliz”.
La naturaleza la inspira. La arquitectura la encamina. Y el corazón, la guía.
Texto: Olya Lungu
Fotografías: Erea Azurmendi
" EL ENCUENTRO DE MATERIALES EN LA NATURALEZA NOS HACE HIJOS DE UNA MISMA TIERRA. ME GUSTA OBSERVAR Y CUIDAR ESOS LÍMITES. LA NATURALEZA NUNCA DEFRAUDA. YO SOLO ME ENFOCO EN EDUCAR LA ATENCIÓN, PARA LLEVARLA AL ASOMBRO Y TRATARLA CON MIMO."
E l arte de Teresa es como una danza líquida entre la precisión de la arquitectura y la anarquía de la naturaleza. Un encuentro entre contraposiciones que se enredan, se funden y se entregan la una a la otra hasta formar una belleza sosegada, pura, conmovedora.
Ella misma se define como “arquitecta de formación y corazón, y artista de pasión”. Empezó su andadura profesional en el estudio One o One Architects en Seúl, donde trabajó durante casi cuatro años. De esa época heredó la influencia asiática que tiñe su obra, y una “búsqueda constante del equilibrio entre la sencillez, la luz y los elementos de la naturaleza”.
De vuelta en Madrid trabajó como arquitecta-museógrafa para diferentes exposiciones de la Fundación Juan March. Compaginó arte y arquitectura varios años hasta que la vida la obligó a parar. Y elegir. Confluyeron un momento personal complicado con una demanda muy alta en ambos sectores. Fue su corazón el que se impuso: el arte la hacía más feliz. Al fin y al cabo, era “un canal de expresión infinito para lo bueno y para lo malo”.
Le preguntamos por qué le diría a quien tiene la pulsión de la pasión, pero siente que la parálisis por el miedo es mayor. Es reacia a dar consejos. Pero conseguimos sonsacarle uno:
“Mirando atrás, me diría a mí misma que tenga paciencia, que abrace los momentos buenos y malos, porque nunca volverán. Que el camino es más importante que el resultado final. Si la trayectoria es sincera y fiel a uno mismo, el resultado será bello de forma natural.”
Resultado que se evidencia en su última colección, “Marea Baja”. En esta serie, Teresa cambia su Mediterráneo natal por el Atlántico, océano de adopción. El agua deja paso a un nuevo protagonista: la arena. Y así, nos acerca el día a día en el que la marea descubre en su totalidad el esplendor de los acantilados escondidos de una manera sencilla, serena. “Me resulta asombroso como la belleza de la naturaleza existe aunque no la observes, y cómo te ensalza el alma cuando te fijas detenidamente en ella”.
Teresa se ha asentado en Madrid. Prueba de ello es su propio taller, un espacio en el que respirar su esencia, ya que lo diseñó desde su visión de arquitecta y su sensibilidad de artista. Equilibrio, una vez más.
El estudio emana un ambiente de experimentación: materiales propios de la construcción y la arquitectura (acero, escayola, cemento, piedra) se mezclan con papel y elementos digitales. Y aunque coquetea con el formato virtual, tiene muy clara una cosa:
“Considero que el formato digital puede ayudar a acercarte a la esencia o a la imagen de una obra. Sin embargo, solo in situ se puede llegar a percibir la tensión, a tocarlo y a percibir una emoción que en pantalla es imposible sentir”
Nos revela que lo que ocupa su mente en estos momentos es la escultura. Otra salida natural, casi inevitable. Como arquitecta siempre ha sentido un profundo respeto y admiración por el espacio y su luz, y la escultura le permite levantar sus obras “a dimensiones fascinantes” y ampliar su lenguaje con otros materiales.
Es inevitable hablar con una artista y no perderse en disquisiciones sobre la creatividad.
Para Teresa es extrañamente etérea y tangible al mismo tiempo:
“La creatividad es una energía que, cuando llega, te llena por dentro, te abstrae, te libera y te hace feliz”.
La naturaleza la inspira. La arquitectura la encamina. Y el corazón, la guía.
Texto: Olya Lungu
Fotografías: Erea Azurmendi








